Economías del cuidado: territorios, redes y cuerpas

Una razón crucial para crear formas colectivas de vida es que la reproducción de los seres humanos supone el trabajo más intensivo que existe sobre la faz de la tierra, y lo es hasta tal punto que se ha mostrado como un trabajo irreductible a la mecanización. No podemos mecanizar el cuidado infantil o el de los enfermos, o el trabajo psicológico necesario para reintegrar nuestro equilibrio físico y emocional. Pese a los esfuerzos que hacen los industriales futuristas, no podemos robotizar el «cuidado» sino es a partir de un coste te- rrible para las personas afectadas. Silvia Federici, 2013

Ejercicios experimentados.

TERRITORIO DE CUIDADOS. Flora Partenio (2018) reflexiona acerca de los paros internacionales y las movilizaciones del 8M, manifestando que “pusieron en evidencia el cuestionamiento al concepto de trabajo y la mirada productivista que conlleva, ubicando en el centro de la escena el trabajo que hacen las mujeres, lesbianas, bisexuales, no binaries, trans y travestis todos los días del año.” Asimismo buscaron “visibilizar el trabajo no remunerado, no reconocido, no valorizado y no redistribuido”, demostrando que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es vital para “mover el mundo”.

Este territorio está habitado fundamentalmente por mujeres a las cuales no se les reconoce la tarea diaria que realizan (ni simbólica ni materialmente), ya que se interpreta como un “rol natural” que le compete a cada una en la división sexual del trabajo, particularmente en el ámbito doméstico, aunque no solo allí. En la propia experiencia podemos identificar las actividades cotidianas que todas realizamos en relación a los cuidados, entendiendo este concepto de forma muy amplia. Y nos preguntamos ¿Son actividades de provisión o de acceso a cuidados? ¿Se desarrollan en el ámbito público o privado, en el comunitario o en el doméstico? ¿Existen fronteras firmes entre esos sectores o son más bien porosas? ¿Con cuáles personas o instituciones se realizan? ¿Tienen una remuneración económica? ¿Es un trabajo registrado o informal? ¿Cuánto tiempo insume la actividad en sí, y cuánto demoramos en el recorrido para llegar a ella? ¿Qué tipo de tareas de acceso/provisión de cuidados se desarrollan en cada institución o con cada persona identificada? ¿Qué contaminaciones o mezclas se pueden identificar en los espacios donde se ejercen cuidados pero también se los recibe?

REDES DE CUIDADO. Amaia Pérez Orozco (2014), expresa que “todas las personas necesitamos cuidados todos los días de nuestra vida, aunque la intensidad y el tipo de cuidados que necesitemos varíe.” El cuidado asume diversas formas, podemos “autocuidarnos e involucrarnos en relaciones de cuidado mutuo (dando y recibiendo)”, y también “encargarnos de quienes tienen su capacidad de autocuidado limitada por algún motivo”. De todas maneras, “siempre necesitamos cuidados y casi siempre podemos cuidar.”

Estas redes de cuidado se pueden establecer con personas o instituciones con las cuales se mantiene una relación cercana, interpersonal o directa; o lejana, más indirecta o mediada. En nuestras redes cotidianas todas logramos identificar estos roles y las diversas formas vinculares que los sostienen ¿Se instauran a partir de una afinidad? ¿De qué tipo? ¿Son relaciones establecidas con personas o instituciones del ámbito privado o público? ¿Qué tipo de acción de cuidado implican? ¿Qué lugar ocupan los espacios comunitarios en la constitución y reforzamiento de nuestra red? ¿Qué cambios o mejoras se podrían implementar para que la red fluya con más fuerza? ¿Podemos distinguir claramente las fronteras entre estos sectores o más bien tienden a difuminarse? ¿Qué consecuencias tiene la privatización de los cuidados? ¿Qué políticas estatales sostienen o amenazan la provisión de cuidados? ¿Dónde hallamos una crisis en la gestión social de los cuidados? ¿Cuáles son las razones para que esto se produzca? ¿Son una actividad compartida dentro del hogar? ¿Hay una jerarquización social de los cuidados? ¿Cuál son las particularidades que viven las migrantes para la generación de sus redes?

AUTOCUIDADO. Corina R. Enríquez (2015) explica que el concepto de economía del cuidado incluye también “el autocuidado, el cuidado directo de otras personas (la actividad interpersonal de cuidado), la provisión de las precondiciones en que se realiza el cuidado (la limpieza de la casa, la compra y preparación de alimentos) y la gestión del cuidado (coordinación de horarios, traslados a centros educativos y a otras instituciones, supervisión del trabajo de cuidadoras remuneradas, entre otros).”

Una pedagogía atenta sobre nosotras nos permiten visualizar el dolor, el miedo, el cansancio, la inquietud y la enfermedad que afectan sistemáticamente a nuestras subjetividades y cuerpas en el devenir cotidiano. Una potenciación de la escucha sobre la cuerpa permite visibilizarla como una superficie de impacto de las vivencias y emociones que nos atraviesan ¿En qué zona u órgano se localizan esos malestares? ¿Cuáles son las formas físicas o emocionales que asume el dolor? ¿Cuáles son sus causas u orígenes? ¿Qué huellas de las experiencias cotidianas podemos encontrar en la cuerpa? ¿Qué actividades realizamos para poder revertir esas sensaciones y cuáles son nuestras prácticas de autocuidado? ¿Qué, de lo que ya estamos realizando como forma de autocuidado, nos está dando verdaderos frutos? ¿Qué nos hace felices y qué nos da placer? ¿Dónde hay vacíos, abandonos y silencios de nuestra cuerpa? ¿Qué tiempo tengo para dedicarme a mí? ¿Cómo nos autocuidamos en los espacios públicos? ¿Cómo generamos formas de autocuidado en espacios de activismo político? ¿Por qué nos genera culpa darnos un espacio para el cuidado propio?


Crónica del taller

Encuentro experimental de 3 horas, organizado sobre el trabajo creativo en diversos dispositivos gráficos acerca la temática de cuidados. Un territorio habitado fundamentalmente por mujeres a las cuales no se les reconoce la tarea diaria que realizan (ni simbólica ni materialmente), ya que se interpreta como un “rol natural” que le compete a cada una en la división sexual del trabajo, particularmente en el ámbito doméstico, aunque no solo allí. Se trabajó de forma intuitiva y creativa la identificación de las redes de cuidado por las que se circula y de las que se forma parte, ya sea a través de la provisión como del acceso a diferentes tipos de trabajo doméstico y de cuidados, no remunerados o remunerados, registrados o no. Se visibilizó la existencia y pertinencia de prestaciones de cuidado dentro y fuera de los hogares, y se problematizaron las formas cooperativas y de autogestión de los cuidados, identificando los vacíos de cuidado. A través de una pedagogía atenta, se visualizó el dolor, el miedo, el cansancio, la inquietud y la enfermedad que afectan sistemáticamente las subjetividades y cuerpas en el devenir cotidiano. Potenciando una escucha sobre esta superficie de impacto, las participantes se acercaron a señalar las vivencias y emociones que las atraviesan. Y fue a partir de este autodiagnóstico sobre malestares y dolencias corporales y emocionales, que se caracterizaron las prácticas de autocuidado. Para finalizar, las participantes compartieron lo trabajado, a partir de un diálogo de saberes y experiencias que saltaba de mesa en mesa logrando la participación de todo el colectivo de trabajo.

Participaron personas provenientes de diversas edades, disciplinas y áreas de trabajo. Organizado por Iconoclasistas y Dawn Feminist, 8 de junio de 2019.