Talleres: decolonizar, deconstruir, decodificar

Sabemos que el prefijo “de” o “des” denota negación, inversión o reversión del concepto que precede. Este carácter, al parecer impugnativo, nos ayuda a posicionarnos en la tarea de exponer situaciones que damos por naturales, pero que sin embargo son construcciones sociales o culturales restrictivas, derivadas de aparatos organizados de poder como la educación, las leyes, la religión, los medios de comunicación, y más recientemente, aunque con mucha fuerza y capacidad de influencia, las redes sociales.

Creemos que las tecnologías de control en tiempos de la posverdad son muy distintas a las de otras épocas, y precisamos de un nuevo herramentario y otros tiempos para analizarlas y visibilizarlas en los espacios de escucha y trabajo. El avance y la aceptación del fascismo y/o la nueva derecha por parte de inmensas mayorías, y el arraigo de una catarata de sentidos comunes en nuestras sociedades (racismo, machismo, clasismo), las cuales se vierten permanentemente en (y desde) las redes sociales, están haciendo mella en las tramas fraternas y en las formas de “hacer sentido” comunitario.

Es por ello que continuamos experimentando con el diseño de herramientas que colaboren en la construcción de conocimientos. Aspiramos a provocar la emergencia de aquello no mediado por la palabra, otros territorios de la imaginación política que asoman y se manifiestan en el marco de un horizonte de objetivos delineados en cada taller que organizamos. A través de una pedagogía feminista, que cuestiona los roles de género y la autoridad patriarcal, para relevar y exponer en el trasfondo de las problemáticas detectadas la existencia de sociedades desiguales y excluyentes. Y apelando a una política de los cuidados y los afectos, con una reivindicación de los saberes del cuerpo (de lo sensorial y lo perceptivo, así como lo experiencial), como formas ampliadas ​de conocimiento e interpretación.

Nos interesa construir relatos ​sobre temáticas, territorios ​o experiencias de interés, con el eje puesto en la síntesis de saberes y la emergencia de relatos a partir ​de gráficas e imágenes. Para ello nos basamos en un trabajo reflexivo que se detona desde un “extrañamiento” de los sentidos, discursos y prácticas hegemónicos; y reflexiona sobre el funcionamiento de las tecnologías de control, y los efectos que su accionar genera, a través de tres operaciones:

Ejercicios experimentados.

DECOLONIZAR​. La pensamos como una actitud activa que nos posibilite ir a las raíces profundas de las normas hegemónicas, tanto históricas como actuales, para reveer modelos de intervención e interpretación, apelando a un saber transdisciplinar que incluya los conocimientos ancestrales, fronterizos y periféricos. Y para confrontar las estructuras (neo)coloniales racistas, eurocéntricas, extractivistas de todo tipo, patriarcales y misóginas, desde un hacer situado en el sur global.

Remarcar el punto de vista como el ordenador de la mirada,  el cual ilumina y prioriza determinados aspectos, organizando lejanías y cercanías. Sobre un territorio (real o conceptual) con una temática específica, el objetivo es elegir dónde focalizarse, desde qué lugar reflexionar. Inspirados, pero a la vez subvirtiendo, la perspectiva del “sistema-mundo” elaborada en los años 70 por Immanuel Wallerstein (donde analiza la concentración del poder económico, cultural, militar y tecnológico en un pequeño núcleo de países centrales, los cuales posicionan al resto del mundo como un territorio de saqueo y expoliación de recursos naturales y humanos), ideamos un sistema gráfico que profundice en la elección de un punto de vista: ¿Analizar nuestra propia práctica o espacio? ¿Poner en el centro de la mirada a una instancia de poder específico, para así desgranar sus modos de funcionamiento y articulaciones? ¿Qué conexiones establece el centro con otras zonas del territorio? ¿Cómo se constituyen las fronteras, son sólidas o porosas? ¿Qué ocurre en áreas disidentes al núcleo? ¿Las áreas funcionan como compartimentos estancos o sufren modificaciones a partir de un sistema de flujos? ¿Los movimientos son de trabajo, estudio u ocio? ¿Afectivos o materiales? ¿Qué tiempo insumen esos recorridos? ¿Qué tipo de relaciones de poder se juegan, dónde hay conflictos? Mediante una metodología fractal que complejiza el análisis para exponer las ambigüedades, los claroscuros y matices que permean nuestro objeto de interés, se obtiene un panorama sinóptico que presenta los vectores de análisis en simultáneo, proveyendo una síntesis que permite evaluar un proceso, finalizado o en funcionamiento, o planificar el que vendrá.

DECONSTRUIR. Iremos quitando capas para abordar analíticamente estructuras apiñadas y densas. Desmontaremos disposiciones normativas y conceptuales, que actúan como moldes hegemónicos y tienen efectos en nuestra vida diaria. Y expondremos, a su vez, los gestos y formas que se instauran como puntos de fuga frente a lo estático, buscando abordar ambigüedades, contradicciones y claroscuros. Con una mirada plural y sin pretensiones totalizantes.

Retomar el concepto de interseccionalidad, acuñado por Kimberly Crenshaw a fines de los años 80, para entramar las categorías de raza, género, clase y sexualidad, y potenciar un análisis que revele aspectos imposibles de visibilizar si tomamos dichas esferas por separado. El foco está así puesto sobre los actores que lo habitan, sus saberes y prácticas ¿Quiénes son esos sujetos legítimos con voces autorizadas? ¿Y dónde se ubican los portadores de un saber ninguneado o menospreciado? ¿Cómo se organiza esa escala de legitimidad? ¿Qué vínculos y movimientos se producen? Una imagen inspiradora en relación a esto, es la “zona del ser y no-ser” pensada por Frantz Fanon en relación al racismo, donde plantea la operación de los centros colonizadores (zonas del ser) que autoafirman el despojo y el genocidio colonial, identificando en las periferias (zonas del no-ser) la existencia de “subhumanos reemplazables”. En relación a eso, ¿Es posible identificar ciertas “figuras ideales” propias de los medios de la comunicación o de la publicidad? ¿Cuáles son los roles sociales representados a través de figuras arquetípicas (jefes, empleados, líderes, elites, migrantes, etc.)? ¿Qué saberes ostentan (académicos, sindicales, de “pertenencia social”, ancestrales, identitarios, etc.)? ¿Cómo empujan los de abajo para cambiar las condiciones de arriba? Nuevamente el punto de vista es un aspecto clave que nos indica el rumbo a seguir en el análisis, a partir del foco establecido. Y está la posibilidad de analizar, no sólo lo que viene instituido desde afuera (los roles de los poderosos, los mandatos sociales, ciertos arquetipos o modelos), sino también afrontar el desafío de pensar nuestra propia comunidad.

DECODIFICAR. Si bien ésta puede ser técnica, un aparato que decodifica una señal; lingüística, las reglas de un código de signos aplicadas a un mensaje; o biológica, la correlación entre un conjunto de síntomas corporales y ciertos eventos de la vida personal; desde nuestra mirada, la decodificación consiste en volver accesibles discursos o prácticas punitivas, descifrando los códigos que efectivizan las condiciones de control y disciplinamiento, muchas veces confusos o directamente ocultos.

Implementar lo que Diana Maffía llama la “filosofía de la escucha”, una manera de decodificar los mecanismos a través de los cuales un significado es procesado y luego devuelto como una interpretación del mundo.  Se trata entonces de trabajar sobre una frase, que puede consistir en una afirmación contundente o en una pregunta que subvierta esos sentidos instituidos. Una imagen verbal latente o una idea que da vueltas tímidamente y sobre la cual queremos trabajar sus efectos de sentido, los cuales pueden ser estigmatizantes, cohesivos, disruptivos, etc. Y así, en un doble movimiento, decodificar, en el sentido de desgranar las fuentes y las (posibles) consecuencias en la circulación de esos discursos; pero también reflexionar sobre la codificación eficaz, algo que alude directamente a Stuart Hall, cuando propone que, para facilitar la actualización “deseable” del mensaje por parte de los receptores, es necesario que los mensajes producidos estén codificados en la forma de un discurso significativo, que pueda ser decodificado adecuadamente. Un juego de palabras que remarca una frontera ineludible: todo lenguaje excluye, ya sea porque deja a alguien por fuera de la interpelación o porque directamente lo invisibliza, o lo muestra en su faceta más dañina. Pensar un análisis comunicacional que busque reponer esos vacíos, visibilizar el mecanismo ideologizante de instancias mediadoras (de poder político, social o comunicacional) y desnaturalizar los discursos provenientes del sentido común, muy instalados socialmente y muchas veces difusores del sexismo, el prejuicio, el racismo y la discriminación.


Crónica de los talleres

Realizamos tres talleres de 3 horas cada uno, orientados a reflexionar sobre una temática de interés, a partir de gráficas analíticas. 

Cada taller estuvo constituido por veinte participantes, en su mayoría mujeres, provenientes de diversas profesiones y oficios, con diversos grados de experiencia, pero con el mismo objetivo: experimentar nuevas herramientas para pensar y sintetizar relatos. Fueron guiadas paso a paso a través de cuatro ejercicios que marcaron los tiempos del proceso de trabajo: en primer lugar la elección de un territorio, real o conceptual, el cual debían bocetar rápidamente, y la identificación de una temática de interés que conocieran al dedillo. Para los tres ejercicios restantes, utilizamos imágenes iluminadores: en primer lugar una serie de círculos concéntricos que facilitaron la organización del punto de vista central y el análisis de cercanías y lejanías con los elementos periféricos; luego, un triángulo para relevar las voces autorizadas así como las deslegitimadas, identificar a los actores que habitan el territorio y sus saberes y prácticas, con la posibilidad de analizar la propia comunidad; y por último, un diagrama que permitió ubicar el discurso seleccionado, para trazar, a partir de allí, tanto las fuentes de producción como los efectos de sentido puestos a circular socialmente. Para finalizar, las participantes compartieron lo trabajado, mientras subrayábamos la activación de una metodología fractal que complejiza el análisis, para exponer las ambigüedades, los claroscuros y matices que permean nuestro objeto de interés.

Participaron personas provenientes de diversas edades, disciplinas y áreas de trabajo. Organizado por Iconoclasistas, 4, 11 y 18 de mayo de 2019.